La última etapa del chico educando se desarrolla en el Clan Rover Ayatile formada por chicos de entre 17 y 20 años. Ser rover, al contrario que en el resto de secciones, es vivir intensamente cada paso, tomar las riendas y hacer un proyecto de su propia vida, empeñarse en cambiar el mundo y, sobre todo, creer que es posible.

Se comprometen colectiva e individualmente en acciones de cambio y se esfuerzan por crecer al tiempo como persona. Elaboran sus propios proyectos personales, se marcan metas y se ayudan mutuamente a madurar y crecer como adultos comprometidos. Reman su propia canoa.

Haciendo suya la frase de Baden Powell “tratar de dejar el mundo en mejores condiciones de cómo lo encontramos” los rovers se muestran como jóvenes comprometidos socialmente que dinamizan, conciencian y ayudan a los demás con la esperanza de cambiar el mundo.

Es usual verlos siempre en la calle, trabajando en el barrio ayudando a la gente de su entorno aunque nadie sepa que son “scouts”. Su lema es “servir“.

La vida rover descansa sobre tres pilares: el servicio, la vida en ruta y la vida en comunidad.